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REFORMAS NECESARIAS PARA POTENCIAR EL CRECIMIENTO DE LA ECONOMÍA ESPAÑOLA: LA FORMACIÓN PROFESIONAL (12-07-2011) PDF Imprimir E-mail
Continuamos con la serie iniciada hace dos semanas de diferentes  artículos que pretenden extractar las reflexiones e ideas que se plasman en los libros titulados "Reformas necesarias para potenciar el crecimiento de la economía española", de la editorial Civitas, que presentaron la CEOE y el Instituto de Estudios Económicos (IEE), el pasado mes de junio.  En ellos se analizan los cambios que precisan ámbitos tan importantes para la buena evolución de la economía como la Educación, la Justicia, la Sanidad y la Financiación Autonómica. El primero de estos artículos estuvo dedicado a la educación, el segundo a la sanidad y el que se firma a continuación está referido a la formación profesional, cuyo estudio ha corrido a cargo de Florentino Felgueroso, profesor del Departamento de Economía de la Universidad de Oviedo e Investigador de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (FEDEA) y por Sergi Jiménez-Martín, profesor de economía de la Universidad Pompeu Fabra e investigador también de FEDEA.

En un diagnóstico inicial de la situación, ambos investigadores mantienen que el funcionamiento eficaz y eficiente de la formación profesional, reglada y no reglada, es un elemento clave para impulsar un cambio en el modelo productivo. Y siendo así, el objetivo de este proceso debería dirigirse hacia una reducción de las diferencias de España frente a los principales países europeos en tasas de empleo y de productividad. Para ello, son necesarios cambios en nuestra estructura ocupacional y en las cualificaciones requeridas para su desempeño.

Además, las nuevas tecnologías y su generalización en el empleo desempeñan un papel muy importante en las mejoras de la productividad. Estos conocimientos se adquieren generalmente por los más jóvenes en el sistema de educación reglado y por la población de edad más avanzada mediante procesos formativos a lo largo de la vida laboral. En España, los menores niveles de productividad y de conocimiento de las nuevas tecnologías se explican por el déficit educativo en personas de edad avanzada, el elevado abandono escolar prematuro y el menor nivel educativo de los inmigrantes jóvenes.

España presenta una estructura ocupacional muy polarizada, por lo que los empleos de cualificación intermedia son muy escasos. Sin embargo, es en dichos empleos donde una cualificación informática tiene un mayor impacto sobre la productividad. Desde mediados de los años 90 España registró un crecimiento sustancial en las tasas de empleo, convergiendo con las tasas de los países europeos, aunque los crecimientos no se produjeron en aquellas cualificaciones intermedias. No obstante, España todavía presenta un déficit en profesionales y técnicos, así como en empleos administrativos.

En el caso de que el nuevo modelo productivo español pudiera implicar una convergencia sectorial con el resto de países europeos, la generación de empleo debería proceder de servicios intensivos en conocimiento. Es decir, dicho proceso no pasaría por un crecimiento intenso del empleo en los servicios generadores del conocimiento vía I+D, ni de las industrias de alta tecnología, sino de aquellos sectores que mayor uso están haciendo de las nuevas tecnologías de información y la comunicación. Además, otro gran reto del modelo ocupacional se encuentra en el uso de las nuevas tecnologías en todas las ocupaciones.

Por su parte, la formación reglada en España presenta un conjunto de importantes deficiencias derivadas de: a) la dificultad para reducir el elevado abandono escolar, que constituye un obstáculo para un uso eficiente de las nuevas tecnologías; b) la inadecuación de la oferta de cualificaciones a la demanda educativa, que propicia un déficit en la proporción de personas con un nivel educativo intermedio; y c) la falta de especialización que provoca que en España los jóvenes requieran un mayor nivel de formación para el buen desempeño de sus trabajos.

Igualmente, el elevado desempleo a largo plazo ha puesto de manifiesto las significativas ineficiencias de la formación no reglada y la inadecuada orientación de las políticas activas.

Con todo ello y a partir de este diagnóstico, se plantean las siguientes propuestas:

- Adoptar de forma generalizada las nuevas tecnologías para alcanzar una senda de crecimiento sostenible y converger en tasas de empleo con países europeos más avanzados. Para ello, es preciso reducir el abandono y fracaso escolar a niveles similares al del resto de Europa,  aumentar la formación en TIC entre los jóvenes en el sistema reglado y proporcionar formación a la población activa menos educada, debido al retraso en la demanda educativa entre las personas de edad más avanzadas.

- Reducir los déficits en la formación profesional reglada, que dificultan el cambio hacia un modelo productivo basado en la adopción generalizada de las nuevas tecnologías y generan una necesidad aún mayor de que el sistema de formación no reglada funcione de forma eficaz para compensar estas deficiencias. Dicha reducción se puede llevar a cabo a través de:

•    La corrección del desajuste entre la oferta y la demanda de cualificaciones, la creación de un nivel de formación profesional reglada anterior a la finalización de la edad escolar obligatoria para cubrir el déficit en la proporción de personas con un nivel educativo  intermedio.

•    El aumento de la participación de las empresas en el sistema de educación reglada para facilitar el ajuste de la oferta a las necesidades reales.

•    El incremento de la especialización, particularmente en el grado medio, para aumentar el atractivo de la formación profesional.

- Vincular la formación profesional a las necesidades laborales de la economía del conocimiento para obtener una fuerza laboral altamente cualificada. Para ello, es preciso crear mecanismos reales que permitan realizar una planificación integrada de la FP reglada y la no reglada, es decir, coordinar por un lado la formación a largo plazo y, por otro, el perfeccionamiento y cobertura de las necesidades a corto plazo. Asimismo, habría que aumentar la participación del sector privado en la FP reglada y en la FP ocupacional reconocida oficialmente y corregir la descoordinación entre las administraciones educativas y laborales.

- Avanzar hacia un sistema de formación profesional reglado dual (como el que se ha implantado en Alemania, Dinamarca, Suiza y Austria, donde se combinen la formación y el empleo. Este método presenta grandes ventajas al mejorar la transición desde la escuela hacia el mercado laboral garantizando una experiencia profesional y una mayor implicación de las empresas en el sistema reglado.

- Aumentar la eficiencia y la eficacia del sistema de formación no reglada a lo largo de los próximos años, particularmente la formación continúa en las empresas y el reciclaje de nuestros trabajadores de más edad, con el fin de hacer frente al reto del envejecimiento poblacional.

- Reestructurar la formación no reglada para mejorar la inserción social de población menos cualificada y los colectivos más desfavorecidos a través de su participación en el mercado laboral. En este sentido, es preciso modificar la orientación de las políticas activas llevadas a cabo hasta el momento en España, que se habían dirigido hacia las subvenciones al empleo, bastante menos hacia la formación y casi nada a la orientación a los desempleados, lo que demostró ser una estrategia ineficaz para reducir el desempleo, particularmente de larga duración. Por tanto, las políticas activas deberían concentrarse en mayor intensidad en la formación para la inserción en nuevas profesiones y para el reciclaje, así como en la orientación de los desempleados.

- El establecimiento de una certificación de la profesionalidad de las plantillas, que establezca estándares mínimos de los trabajadores de las empresas, a cargo de una agencia independiente. El propósito de esta medida es la introducción de incentivos para corregir parte de los problemas detectados en la puesta en marcha del sistema de formación profesional integral. El mismo debería generar una mayor contratación de trabajadores con las titulaciones de FP y aumentaría la demanda de certificaciones profesionales de aquellos que no dispongan de títulos, pero si tengan experiencia suficiente.

- Aumentar la formación continua en las empresas, ya que existe una clara relación positiva entre la extensión de la formación a empleados y la productividad por hora trabajada.

- Abordar la reforma de la formación profesional, junto con la reforma del mercado laboral. Hay que tener en cuenta que ciertos aspectos del mercado laboral desincentivan la formación continua, como la excesiva temporalidad, los niveles de protección del empleo de ciertos colectivos, la falta de adaptación del sistema de prestaciones por desempleo a las necesidades de formación y la escasa flexibilidad de la jornada laboral.

SALVADOR CORED BERGUA
Secretario General de CEOS-CEPYME HUESCA
 

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